Del buencomensalismo

13 Nov

 

Buencomensalismo, un “ismo” que ciertamente no encontraremos en la RAE ni hoy ni nunca y, a pesar de que todos sabemos (aunque sea vagamente) que existen ciertas consideraciones sociales para echarnos una sopita en la mesa de un restaurante, generalmente se olvida y actuamos como arrogantes imbéciles que creen merecerlo todo sólo por tener que pagar en cambio ¿O no?

¿Que el cliente siempre tiene la razón? Lo dudo. Es innegable que el cliente es lo más importante y por tanto todas nuestras actividades deben ver por mantenerlo contento, él es el que tiene el dinero y el que nos mantiene vivos, pero el hecho de que tenga dinero no lo hace más inteligente o más razonable. Perdón, me parece una ideología retrógrada y unilateral; claro que tenemos que escucharlo y tomar muy en cuenta sus críticas para corregir defectos, nadie es perfecto, pero no podemos pretender hacer lo que cada comensal “quiere”…  menos aún si a veces ni él mismo sabe lo que en verdad quiere.

Si bien sé que tampoco debemos tolerar cuanta incompetencia y petulancia ocurra con muchos meseros y restaurantes (y en verdad, soy de los primeros en exigir calidad), pienso que nosotros como comensales somos partícipes activos (y a veces el único factor) de las calamidades acontecidas en una comilona fuera de casa. A mi parecer se trata de una relación en la que se recibe pero también se tiene que dar para que todo fluya con normalidad, para todos, para nosotros, para los que dan el servicio y para otros comensales. De hecho en biología existe el “comensalismo” (una manera de interacción en la que un participante obtiene un beneficio, mientras que el otro no se ve ni perjudicado ni beneficiado; como las rémoras) y no veo porqué en la industria gastronómica sea tan difícil aplicarlo así y, peor aún, que un pelagatos recurra a disque promover el “buencomensalismo”.

Desde hace poco más de medio año me di a la tarea de enunciar pequeñas recomendaciones a manera de tweets para aquellos a los que aún les interesa convivir en sociedad y respetar los espacios comunes, porque Buen Comensal (#buencomensal en Twitter) nació como una posición antagónica a los que sólo exigen y “saben perfectamente” lo que debe ocurrir en un restaurante, pero misteriosamente “se les olvida” lo que deben hacer por cuenta propia en un restaurante. Realmente fue grato ver sobre la marcha que importantes periodistas gastronómicos compartían mi inquietud (Adam Roberts y Mikel López Iturriaga) y, que cada uno desde su frente, hacía recomendaciones a sus lectores del The Huffington Post y El País.

El mayor reto de Buen Comensal fue encontrarme con las limitantes de los gloriosos 140 caracteres; algunos fueron muy polémicos y engendraron muchas quejas, otros tantos fueron muy aplaudidos y algunos otros simplemente “ni fu, ni fa”. Al pasar los días con mis tweets, percibí y agradecí la retroalimentación de muchos twitteros y, también para mi sorpresa, recibí de Luz Alvarado (@luzaenlinea) una invitación a entrevistarme desde Santiago de Chile acerca de este tema para su blog. Sin embargo, mi mayor satisfacción fue toparme con gente que me aseguró que comenzaba a poner en práctica mis tips. Qué halago.

En total publiqué 56, sé que día con día se me ocurrirán más y que la gente misma me hará recomendaciones, también sé que cada punto me dará la oportunidad de profundizarlo en otros posts, pero de momento los dejo con la lista parcial de tweets que durante estos últimos meses se apoderaron de mi Timeline, de lunes a viernes, a las cuatro de la tarde:

 

1. Acostumbra a hacer reservaciones y manténlas, o en su caso, cancélalas con anterioridad.

2. Si vas tarde a tu reservación, llama. A veces es posible mantenerla; no te molestes en intentarlo después de una hora.

3. Nunca digas “soy amigo del dueño”. Automáticamente te señala como mentiroso y no te hará acreedor al servicio que imaginas.

4. Siéntate donde te sienten. La hostess sienta a los clientes uniformemente para que todos reciban el mejor servicio.

5. Deja a tus hijos en casa. Si vas con ellos, es recomendable llegar temprano para salir temprano sin molestar a más comensales.

6. Cuando sientes niños en la silla para bebés, asegúrate que no sea en la parte de la mesa que hay más tráfico de personas.

7. Sé amable; di por favor y gracias. Sé cortés con la hostess, el garrotero, bartender y mesero. (Sí, es necesario recordarlo).

8. En un restaurante jamás digas “¿No sabes quién soy?”… ¿Por qué? ¿A ti se te olvidó quién eres?

9. Jamás chasquees los dedos o chifles para llamar la atención del mesero.

10. No hagas llamadas telefónicas en un restaurante. Evita poner el celular en la mesa, sólo demuestra tu inseguridad social.

11. Dile a tu hijo adolescente que deje su consola portátil de videojuegos y que se siente erguido.

12. No uses tu laptop al cenar, te ves creepy. En la comida es aceptable porque quizás estés trabajando.

13. Por favor no hagas que el mesero repita los especiales. No hagas más difícil la explicación de memoria de veinte platillos.

14. No preguntes el nombre de tu mesero sólo para gritarlo y llamar la atención de todos cuando necesites algo.

15. Ordena con claridad, di lo que en verdad quieres. El mesero no es psíquico.

16. No huelas el corcho del vino, demuestra que eres amateur. Revisa que esté humedecido y que el nombre coincida con la botella.

17. ¿El vino que pediste no empata con tus gustos personales? Lástima, tus gustos los debes conocer de antemano. Es tu culpa.

18. No bluffees pidiendo copas más grandes para un vino barato y/o por copeo. Sólo algunos merecen ser bebidos en esas copas.

19. Si llevas tu propio vino se te cobrará descorche, usualmente es igual al valor del vino más barato que vende el restaurante.

20. Conoce y respeta tus límites de tolerancia al alcohol. En los restaurantes no se cuidan borrachos ni se toleran sus estupideces.

21. No ordenes algo fuera del menú. En un restaurante italiano no te pueden preparar sushi sólo porque tiene atún disponible.

22. Los cambios razonables al menú son por alergias. No pretendas que vaya a ser un plato exquisito; la práctica hace al maestro.

23. Gasta dinero. No pidas agua, azúcar y limón para prepararte una limonada… ¿Qué sigue? ¿Pedir uvas para hacer vino?

24. Pórtate bien, nada de manos traviesas por debajo de la mesa o sexo en el baño… ¡Chiflando y aplaudiendo!

25. ¿Quieres ser tratado como un cliente regular?… Conviértete en un cliente regular; haz una o dos visitas al mes como mínimo.

26. Nunca toques agresivamente a los meseros o a los garroteros. No los tomes del brazo o los jales del mandil.

27. Cuéntale a tus amigos y familiares del restaurante. Participa en mejorar el negocio y sus ventas.

28. No solicites hablar con el dueño para recaudar donativos. Pagar una cuenta grande no te da el derecho a recibir donativos.

29. Cultiva tu relación con el mesero. Pide ser sentado en su área y cuéntale a tus amigos del mesero estrella.

30. No monopolices el tiempo del mesero. Siempre tienen otros asuntos qué atender y otros comensales como tú.

31. Pide la cuenta y no esperes a que te la den. No te enojes cuando llegue la hora del cierre, a todos nos gusta descansar.

32. Sí, la “señal de la cuenta” es válida aunque todos los meseros la odien. Quizás la puedas omitir algún día.

33. Paga la cuenta después de no más de cinco minutos de recibirla. Asoma la tarjeta o el dinero por el portacuentas.

34. No guardes el portacuentas en tus muslos, bajo el brazo o debajo de la servilleta; aparentas un sentimiento de avaricia.

35. No pidas cuentas separadas cuando termine tu consumo, ese es tu problema. Lo hubieras aclarado desde un principio.

36. Si “olvidaste” el dinero o la tarjeta de crédito no te quedarás a lavar trastes, la policía te arrestará por robo de servicio.

37. Paga del 15% al 20% de propina, intenta hacerlo en efectivo. Si tienes un mesero favorito, paga entre el 20% al 25%.

38. No pagues más del 25% de propina, parecerá que deseas comprar al mesero. Hazlo en ocasiones especiales, como en Navidad.

39. Si vas a pagar con un certificado de regalo, vale o promoción, paga propina por el total de la cuenta. No está incluida.

40. Si llegas a un restaurante muy fancy, el 10% de propina es apropiado. No te preocupes.

41. No llegues quince minutos antes del cierre, tu cena no será totalmente satisfactoria. Mejor ve a un Sanborns o a los tacos.

42. Si no puedes pagar propina entonces no puedes pagar una cena en un restaurante. Mejor quédate en casa.

43. Por favor sé objetivo con tus comentarios, ayudan a mejorar para ti. “Todo bien” y “mal servicio” no dicen absolutamente nada.

44. No te enojes cuando te cobren cubierto. El pan, la mantequilla, el amuse-bouche, el agua y los petit fours cuestan.

45. Respeta un espacio común y a los demás comensales. Los restaurantes no son salones de fiestas.

46. No, el centro de mesa, el salero, los cubiertos y las cartas no son souvenirs. Por favor no robes.

47. Aprende a identificar errores de cocina y de servicio. No cobres al mesero con menos propina por un error en tu plato.

48. Comer en un restaurante y tener un smartphone con Twitter no te hace crítico, te hace criticón.

49. No culpes al restaurante por una mala experiencia con el valet parking. Generalmente son servicios independientes.

50. Conoce muchos restaurantes, visita mercados. No te guíes religiosamente por lo que dicen los medios, forma tu propio criterio.

51. Sé civilizado, respeta reglas de protocolo y etiqueta. Si no las conoces, siempre podrás conseguir el Manual de Carreño.

52. No te enojes cuando a otro comensal le traigan su ensalada antes que tu carne cocida como suela de zapato. Todo a su tiempo.

53. Acostúmbrate a usar servilletas de papel cuando tengas labial o para tirar tu chicle. Créeme, tus labios no se van a irritar.

54. No hagas tres reservaciones para un mismo día esperando a que tu mami decida al último momento. Menos sin cancelarlas.

55. Los sistemas punto de venta permiten rastrear comensales indeseados. Si eres uno, no te extrañes si te niegan reservación.

56. Si deseas que se te sirva hasta después del cierre, paga propina como si hubiera habido al menos otra persona en tu mesa.

 

A veces compadezco el trabajo de los meseros (y de los cajeros del banco), pareciera ser que su trabajo no acaba ofreciendo un servicio, sino que consiste también en hacerla de punching bag terapéutico y tolerar cuanta majadería salga de un cliente lleno de frustraciones, malos tratos e ignorancia. Aunque la verdad, te compadezco más a ti… mal comensal.

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3 comentarios to “Del buencomensalismo”

  1. Paulina Bejarano 14 noviembre, 2011 a 11:15 am #

    felicidades!!! una suculenta redacción, varias realidades que a veces no queremos ver cuando acudimos a un restaurante con actitudes indeseables

  2. March 16 noviembre, 2011 a 12:17 pm #

    ¡felicidades! Por favor, continúa con este espíritu de juicio crítico y abierto, transparente y ético. Jamás he dudado de que tus ideas lograrán cambiar algo en esta industria y ahora es momento de que las liberes. Este es el Juanjo que reconozco. ¡Enhorabuena beto! 🙂

  3. AlejandroRivasGarcía (@AXRig) 22 febrero, 2013 a 4:05 pm #

    “¿Que el cliente siempre tiene la razón? Lo dudo”, exacto! Los clientes somos malos comensales, quizá no siempre y quizá no todos, pero ¡caray!y como hay casos… por ello hay que aprender a exigir el buen trato, porque hemos aprendido a respetar a los restauradores, impregnando el subconsciente de bases simples del gran Juanhol. ¡La gastronomía, como la vida y la tierra es de quien la trabaja! Saludos

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